jueves, 9 de enero de 2014

LAS SEMILLAS Y EL DOMINIO DEL MUNDO POR EL HAMBRE


LAS SEMILLAS Y EL DOMINIO DEL MUNDO POR EL HAMBRE

Controla el petróleo y controlarás naciones; controla los alimentos y controlarás pueblos (Henry Kissinger)

En cada ciclo histórico la potencia dominante de turno siempre trata de establecer el control casi absoluto de una región de interés geoeconómico buscando diferentes instrumentos para dirigir todos los aspectos de la sobrevivencia humana.

En esta era globalizada se trata ya no del dominio de una región seleccionada por la única superpotencia existente sino del planeta entero. El uso de la maquinaria bélica y de los recursos energéticos no ha sido suficiente para el control completo de la voluntad de los pueblos. Se necesita algo más y este “algo más” resulta ser la comida diaria en el planteamiento de uno de los más siniestros globalizadores, David Rockefeller.

Durante la guerra en Vietnam el otro político maquiavélico, Henry Kissinger incorporó la idea de Rockefeller en la agenda diplomática de Washington. La comida se convirtió en un arma frecuentemente más poderosa que las armas de destrucción masiva. También jugó un papel muy importante para llevar a cabo el golpe militar contra el gobierno legítimo de Salvador Allende en Chile en 1973.

Al comienzo de los años 1980 los globalizadores iluminados llegaron a la conclusión que el control de la alimentación habría que comenzarlo desde las semillas, reduciendo las variedades regionales y nacionales tradicionales para crear simultáneamente una o varias variantes de semillas para cada cultivo universal pero controladas por un reducido número de las transnacionales.

Así, se inició la época de los Organismos Genéticamente Modificados (GMO) basada en la manipulación genética, y crearon finalmente lo que el estudioso y escritor norteamericano, F. William Engdahl llamó en su libro “Seeds of Destruction: Hidden Agenda of Genetic Manipulation”, “semillas de la destrucción”. México, Brasil, Colombia y Argentina fueron seleccionados como países con grandes recursos para iniciar los primeros pasos en la implementación de la agenda del “dominio usando alimentos”. La llegada de Carlos Menem al poder en Argentina con su agenda neoliberal y su ambición de ser aceptado en el club de los ricos y poderosos del planeta llevó a David Rockefeller a la conclusión de iniciar los primeros experimentos con semillas genéticamente modificadas en Argentina.

Las corporaciones Monsanto, Cargill Inc., DuPont decidieron transformar la agricultura argentina haciendo énfasis en la soja, para esto inventaron el pretexto de que el sistema de monocultura agrícola y dijeron que aportaría grandes dividendos al país por la exportación de soja, lo que facilitaría el pago de la deuda externa de Argentina que estaba ya en el límite impagable. Así según William Engdahl, “desde 1991 antes que la Modificación Genética (GM) fuera aceptada en los Estados Unidos, Argentina se convirtió en un laboratorio secreto para el desarrollo de los cultivos genéticamente modificados y su población fue utilizada sin su conocimiento como “conejillos de Indias”.


Para facilitar los experimentos con semillas GM de maíz, trigo, algodón, girasol y soja, el gobierno de Menem entregó 569 grandes extensiones de tierra cultivable a las transnacionales. La Comisión Nacional Asesora sobre Biotecnología Agropecuaria (Conabia) que fue formada para el control sobre los experimentos se reunía secretamente y sus conclusiones jamás fueron divulgadas. Y no podía ser de otra forma porque sus miembros eran empleados de Monsanto, DuPont,Syngenta, Dow AgroSciences y otros gigantes del GMO. Como los resultados eran muy prometedores, las grandes corporaciones internacionales, como Seaboard Co., Cargill y Quantum Fund de George Soros dieron inicio a la compra apresurada de grandes extensiones de tierra cultivable en Argentina y posteriormente en el Brasil, Paraguay, Colombia, México, Guatemala y Uruguay.

En una década la agricultura, Argentina fue transformada radicalmente. Si en 1970 la soja se sembraba en 9,500 hectáreas ahora su superficie de siembra supera 18 millones de hectáreas produciendo más de 35 millones de toneladas de soja al año. Actualmente Argentina es el primer productor en el mundo de aceite y harina de soja y el tercero de granos. A la vez el país dejó de ser tanto en el mercado externo como interno proveedor de alimentos de naturaleza diversificada. Prácticamente el 100 por ciento de la soja producida en el país es GM RR resistente al herbicida glifosato y ocupa el 50 por ciento de la tierra cultivable.

El impacto del uso de 200 millones de litros de glifosato anualmente, de las fumigaciones, el desmonte, el desplazamiento de campesinos, la falta de alimentos, las nuevas enfermedades, las inundaciones y las sequías son el precio que paga el pueblo por la “sojización” de la agricultura. En su libro “Las semillas de la Destrucción”, William Engdahl lanza una advertencia al gobierno de Argentina: “a este paso la tierra cultivable en el país va a ser destruida en unos 50 años”. ¿Pero a quién le interesa en este mundo globalizado e individualizado lo que pasará en el futuro?

Mientras tanto las ganancias de las transnacionales GMO están creciendo desmesuradamente junto con el control sobre la producción de semillas en el mundo. Ya poseen tecnología “Terminator” que permite modificación genética de las plantas para producir semillas estériles usando un inductor químico llamado “Traitor” para “activar” o “desactivar” algunos rasgos genéticos del cultivo y para controlar la esterilidad de las semillas. En Guatemala, Brasil, Argentina y México el maíz GN RR contaminó el maíz original orgánico y lo mismo está sucediendo con el algodón, la alfalfa, el trigo, girasol y otros cultivos. Se estima que actualmente los cultivos GM ocupan el 25 por ciento de la tierra productiva en el mundo.

El poder de la Monsanto y otras transnacionales de GMO llegó hasta Washington convenciendo al departamento de Estado de ser promotor de la agenda global de la industria de biotecnología. De acuerdo a la ONG “Food & Water Watch”, el departamento de Estado ha hecho cabildeo en gobiernos extranjeros para adaptar políticas y leyes amigables hacia la biotecnología. Según cables de WikiLeaks, el gobierno norteamericano trató de influir sobre el tema de la biotecnología a 113 países del total de 193 miembros de las Naciones Unidas entre 2004 y 2009. Lo que trata de hacer Washington es incentivar el consumo de esos alimentos en todo el mundo con el argumento falso de combatir el hambre y crear condiciones para el desarrollo.

Otro de los países que se ha convertido en el paraíso para la industria transgénica es México. Allí la Monsanto, Syngenta, Dow AgroScience, Bayer y PHI México no solamente están implantando el uso de las semillas GM, sino las mismas transnacionales ya tomaron bajo su control la producción y comercialización de los alimentos, lo que significa la pérdida de la soberanía alimentaria en el país. Precisamente lo que en los años 1980 planificó el gobierno de Ronald Reagan elaborando el plan del dominio del mundo a través de los alimentos: “los países que son amigos recibirán los alimentos y se les denegará a los que se rebelan”.

En el mismo Estados Unidos ya entró en vigencia una clausula legal que permite a Monsanto, Syngenta, DuPont –Pioneer, Dow, Bayer y Basf estar por arriba del sistema judicial, ignorando las órdenes de jueces de suspensión de siembra de cultivos transgénicos inclusive por evidencias científicas que señalan daños a la salud de la población. Actualmente Estados Unidos es el primer productor de la soja en el mundo con 63 millones de toneladas métricas al año y el 90 por ciento de este cultivo es producido con las semillas GM RR. La misma tendencia se observa con el maíz y alfalfa haciendo peligrar las plantas orgánicas y las granjas familiares con la siembra de Monsanto GE alfalfa. Sin embargo, según la conclusión del departamento de Agricultura, a los consumidores no les interesa si los alimentos orgánicos o la leche que consumen tengan o no tengan componentes genéticos.

Así de simple funciona el sistema moderno globalizado del dominio del mundo a través del uso de las “semillas de destrucción”. Los “iluminados” tienen su agenda, científicos a su disposición y los medios de comunicación para convertir una mentira en la verdad con el propósito de confundir la opinión pública. Ni les interesa la reciente declaración del Foro Mundial sobre la Soberanía Alimentaria de la Organización de las Naciones Unidas sobre la Agricultura (FAO) que indicó que “la monopolización por unas cuantas empresas transnacionales de la tecnología de creación, de organismos genéticamente modificados (GMO) representa una grave amenaza a la soberanía alimentaria de los pueblos”.

El fin justifica los medios. Monsanto, DuPont Pioneer, Dow, Syngenta, Bayer, Basf son simplemente un brazo del poder global para minar la soberanía de los 193 países del mundo aprovechando la ignorancia e individualismo de sus pueblos y la docilidad de sus gobiernos que creen que son del uno por ciento y para el uno por ciento.

Por Vicky Peláez, en www.ecoportal.net


MONSANTO, EL TPP Y LA DOMINACIÓN GLOBAL
DE LOS ALIMENTOS
Los beneficios les interesan más que la gente


Ellen Brown

CounterPunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

“Controla el petróleo y controlarás las naciones”, dijo el secretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger en los años setenta. “Controla los alimentos y controlarás a la gente”.

El control global de los alimentos ha sido casi logrado, reduciendo la diversidad de las semillas con semillas OGM (genéticamente modificadas) que son distribuidas solo por unas pocas corporaciones transnacionales. Pero esta agenda ha sido implementada a un grave coste para nuestra salud; y si el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) es aprobado, el control no solo sobre nuestros alimentos sino nuestra salud, nuestro entorno y nuestro sistema financiero estarán en manos de corporaciones transnacionales.

Beneficios antes de las poblaciones

La ingeniería genética ha posibilitado el control patentado sobre las semillas de las que depende el suministro de alimentos del mundo. Genes “Terminator” posibilitan la producción de semillas estériles, utilizando un catalizador químico sintético llamado apropiadamente “Traitor” para inducir esterilidad en las semillas. Por lo tanto los agricultores tienen que comprar año tras año semillas a los propietarios de las patentes. Para cubrir esos costes, los precios de los alimentos son aumentados; pero el daño es mucho mayor que el causado a nuestras billeteras.

Según una entrevista de Acres USA del fitopatólogo Don Huber, Profesor Emérito en la Universidad Purdue, dos características modificadas dan razón de prácticamente todos los cultivos genéticamente modificados sembrados en el mundo actualmente. Una involucra la resistencia a los insectos. La otra modificación, más inquietante, involucra la insensibilidad a herbicidas sobre la base de glifosato. Conocido a menudo como Roundup por el producto éxito de ventas de Monsanto de ese nombre, glifosato envenena todo lo que encuentra en su camino con la excepción de plantas genéticamente modificadas para resistirlo.

Herbicidas basados en glifosato son ahora los más comúnmente utilizados en el mundo. Glifosato es un socio esencial de los OGM que constituyen el principal negocio de la creciente industria de la biotecnología. Glifosato es un herbicida de “espectro amplio” que destruye indiscriminadamente, no matando directamente plantas indeseadas sino bloqueando el acceso a nutrientes críticos.

Debido al modo insidioso en que funciona, ha sido vendido como un reemplazo relativamente benigno de los devastadores anteriores herbicidas basados en dioxina. Pero numerosos datos experimentales han mostrado que glifosato y los alimentos OGM que lo incorporan plantean serios peligros para la salud. El riesgo lo complica la toxicidad de ingredientes “inertes” utilizados para potenciar el glifosato. Los investigadores han establecido, por ejemplo, que el surfactante POEA puede matar células humanas, particularmente células embrionarias, placentarias y de los cordones umbilicales. Pero esos riesgos han sido convenientemente ignorados.

El uso generalizado de alimentos OGM y herbicidas de glifosato ayuda a explicar la anomalía de que EE.UU. gasta más del doble per cápita en atención sanitaria que el país desarrollado promedio, pero es considerado muy abajo en la escala de las poblaciones más saludables del mundo. La Organización Mundial de la Salud ha clasificado a EE.UU. como ÚLTIMO entre 17 naciones desarrolladas en la salud en general.

Entre sesenta y setenta por ciento de los alimentos en los supermercados estadounidenses son ahora genéticamente modificados. Al contrario, en por lo menos 26 otros países –incluidos Suiza, Australia, Austria, China, India, Francia, Alemania, Hungría, Luxemburgo, Grecia, Bulgaria, Polonia, Italia, México y Rusia– los OGM han sido total o parcialmente prohibidos; y en unos sesenta otros países hay restricciones significativas de los OGM.

Una prohibición del uso de los OGM y de glifosato podría llegar lejos en la mejora de la salud de los estadounidenses. Pero el Acuerdo de Asociación Transpacífico, un acuerdo comercial global para el cual el gobierno de Obama ha pedido el uso de la Vía Rápida, bloquearía esa especie de enfoque concentrado en la causa ante la crisis de la atención sanitaria.

Los insidiosos efectos de Roundup

Los cultivos resistentes a Roundup escapan a la muerte por glifosato, pero no evitan que sea absorbido en sus tejidos. Los cultivos que toleran los herbicidas tienen niveles sustancialmente superiores de residuos de herbicida que otros cultivos. De hecho, muchos países han tenido que elevar sus niveles legalmente permitidos –por hasta 50 veces– a fin de dar cabida a la introducción de cultivos GM. En la Unión Europea, los residuos en los alimentos aumentarán 100-150 veces si se aprueba una nueva propuesta de Monsanto. Mientras tanto, “súper-malezas” tolerantes a herbicidas se han adaptado al producto químico, requiriendo aún más dosis tóxicas y nuevos productos químicos tóxicos para matarlas.

Las enzimas humanas son afectadas por el glifosato de la misma manera que las enzimas de las plantas: el producto químico bloquea la absorción de manganeso y otros minerales esenciales. Sin esos minerales, no podemos metabolizar adecuadamente nuestros alimentos. Eso ayuda a explicar la rampante epidemia de obesidad en EE.UU. La gente come y come en un intento de adquirir los nutrientes que simplemente no están contenidos en sus alimentos.

Según los investigadores Samsell y Seneff en Biosemiotic Entropy: Disorder, Disease, and Mortality(Abril de 2013):


La inhibición por el glifosato de enzimas citocromo P450 (CYP) es un componente pasado por alto de su toxicidad para mamíferos. Las enzimas CYP juegan papeles cruciales en la biología… El impacto negativo en el cuerpo es insidioso y se manifiesta lentamente con el pasar del tiempo a medida que la inflamación daña sistemas celulares en todo el cuerpo. Las consecuencias son la mayoría de las enfermedades y condiciones asociadas con una dieta occidental, que incluyen desórdenes gastrointestinales, obesidad, diabetes, enfermedades del corazón, depresión, autismo, infertilidad, cáncer y Alzheimer.

Más de 40 enfermedades han sido vinculadas al uso de glifosato, y más siguen apareciendo. En septiembre de 2013, la Universidad Nacional de Rio Cuarto, Argentina, publicó resultados de su investigación de que el glifosato realza el crecimiento de hongos que producen aflatoxina B1, una de las sustancias más carcinógenas. Un doctor de Chaco, Argentina, dijo a Associated Press: “Hemos pasado de tener una población bastante saludable a otra con una alta tasa de cáncer, defectos congénitos y enfermedades nunca antes vistas”. El desarrollo de hongos ha aumentado significativamente en los cultivos de maíz estadounidense.

El glifosato también ha causado serios daños al medioambiente. Según un informe de octubre de 2012 del Instituto de Ciencia en la Sociedad:

Las afirmaciones de la agroindustria de que el glifosato y los cultivos que toleran el glifosato, aumentan los beneficios de los agricultores y benefician el entorno al reducir el uso de pesticidas. La situación es exactamente la contraria… La evidencia indica que los herbicidas de glifosato y los cultivos tolerantes al glifosato han tenido efectos ampliamente perjudiciales, incluyendo súper malezas resistentes al glifosato, virulentos patógenos para las plantas (y nuevo ganado), salud y rendimiento reducidos de las cosechas, daño a especies que no eran el objetivo desde insectos a anfibios y ganado, así como reducción de la fertilidad del suelo.

La política triunfa sobre la ciencia

A la luz de estas conclusiones adversas, ¿por qué Washington y la Comisión Europea siguen endosando como seguro el glifosato? Los críticos apuntan a regulaciones permisivas, fuerte influencia de lobistas corporativos, y una agenda política que tiene más que ver con poder y control que con la protección de la salud de la gente.


En el innovador libro Seeds of Destruction: The Hidden Agenda of Genetic Manipulation, publicado en 2007, William Engdahl declara que el control alimentario global y la despoblación se convirtieron en política estratégica de EE.UU. bajo el protegido de Rockefeller, Henry Kissinger. Junto con la geopolítica petrolera, debían constituir la nueva “solución” a las amenazas al poder global de EE.UU. y al continuo acceso estadounidense a materias primas baratas del mundo en desarrollo. En línea con esa agenda, el gobierno ha mostrado extrema parcialidad a favor de la agroindustria biotecnológica, optando por un sistema en el cual la industria se monitorea “voluntariamente”. Alimentos bio-modificados son tratados como “aditivos alimentarios naturales”, sin requerir ninguna prueba especial.

Jeffrey M. Smith, director ejecutivo del Instituto por la Tecnología Responsable, confirma que la política de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) permite que compañías biotecnológicas determinen si sus propios alimentos son seguros. La presentación de datos es totalmente voluntaria. Concluye:

En el área crítica de la investigación de la seguridad alimentaria, la industria biotecnológica no tiene que rendir cuentas, carece de estándares o de revisión por pares. Han convertido la ciencia basada en datos erróneos en una ciencia.

Sea o no la despoblación parte intencional de la agenda, el uso generalizado de OGM y glifosato está teniendo ese resultado. Las propiedades endocrinas dañinas del glifosato han estado vinculadas a infertilidad, abortos, defectos congénitos y la detención del desarrollo sexual. En experimentos rusos, animales alimentados con soya GM fueron estériles en la tercera generación. Vastas cantidades de suelos agrícolas también están siendo sistemáticamente arruinados por la muerte de microorganismos benéficos que permiten que las raíces de las plantas acepten nutrientes del suelo.

En el revelador documental de Gary Null Seeds of Death: Unveiling the Lies of GMOs, el Dr. Bruce Lipton advierte: “Estamos conduciendo al mundo hacia la sexta extinción masiva de la vida en este planeta… La conducta humana está estropeando la red de vida.”

El TPP y el Control Corporativo Internacional

A medida que las devastadoras conclusiones de estos y otros investigadores despiertan a la gente en todo el globo ante los peligros de Roundup y los alimentos OGM, las corporaciones transnacionales trabajan febrilmente con el gobierno de Obama para aplicar la Vía Rápida al Acuerdo de Asociación Transpacífico, un acuerdo comercial que despojaría a los gobiernos del poder para regular las actividades corporativas transnacionales. Las negociaciones han sido mantenidas en secreto ante el Congreso, pero no ante los asesores corporativos, 600 de los cuales han sido consultados y conocen los detalles. Según Barbara Chicherio en Nation of Change:

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) tiene el potencial de convertirse en el mayor Acuerdo de Libre Comercio regional en la historia…

El negociador agrícola jefe de EE.UU. es el ex lobista de Monsanto, Islam Siddique. Si fuera ratificado el TPP impondría regulaciones escarmentadoras que dan a las corporaciones multinacionales derechos sin precedentes para exigir compensaciones con dineros públicos por políticas que las corporaciones consideran como una barrera a sus beneficios.

…Están creando cuidadosamente el TPP para asegurar que los ciudadanos de los países involucrados no tengan ningún control sobre la seguridad alimentaria, lo que coman, lo que es cultivado, las condiciones bajo las cuales los alimentos son cultivados y el uso de herbicidas y pesticidas.

La seguridad alimentaria es solo uno de los muchos derechos y protecciones que pueden sucumbir ante esta súper-arma de control corporativo internacional. En una entrevista dada en abril de 2013 a The Real News Network, Kevin Zeese calificó al TPP de “NAFTA con esteroides” y de “golpe corporativo global”. Advirtió:

No importa cuál tema importe –sean salarios, puestos de trabajo, la protección del medioambiente… este tema lo va a afectar negativamente…

Si un país toma un paso para tratar de regular la industria financiera o establecer un banco público para representar el interés público, puede ser demandado…

Retorno a la naturaleza: no es demasiado tarde

Existe una manera más segura, más conciliable con el planeta para alimentar a las naciones. Mientras Monsanto y los reguladores estadounidenses imponen cultivos GM a las familias estadounidenses, las familias rusas muestran lo que se puede hacer con métodos de agricultura sostenible en simples pequeños huertos. En 2011, un 40% de los alimentos de Rusia fueron cultivados en dachas (casas o lotes de campo). Los huertos en las dachas produjeron más de un 80% de las frutas y fresas, frambuesas y moras del país, más de 66% de los vegetales, casi 80% de las patatas y cerca de 50% de la leche de la nación, consumida en gran parte cruda. Según Vladimir Megre, autor del éxito de ventas Ringing Cedars Series:

Esencialmente, lo que demuestran los hortelanos rusos es que los hortelanos pueden alimentar al mundo – y que no se necesitan OGM, granjas industriales, o cualquier otro truco tecnológico para garantizar que todos tengan suficiente alimento. Hay que considerar que Rusia tiene solo 110 días de período de cultivo por año – por lo tanto en EE.UU., por ejemplo, la producción de los hortelanos podría ser sustancialmente mayor. Actualmente, sin embargo, el área ocupada por césped en EE.UU. es dos veces mayor que la de los huertos rusos – y no produce nada más que una industria de cuidado del césped de miles de millones de dólares.

En EE.UU., solo cerca de 0,6% del área agrícola total está dedicado a la agricultura orgánica. Esta área debe ser ampliamente expandida si hemos de evitar “la sexta extinción masiva”. Pero primero, tenemos que instar a nuestros representantes a que detengan la Vía Rápida, que voten no al TPP, y que exijan una eliminación global de los herbicidas basados en glifosato y de los alimentos OGM. Nuestra salud, nuestras finanzas y nuestro medioambiente están en juego.

Ellen Brown es abogada y presidente del Public Banking Institute,http://PublicBankingInstitute.org . En Web of Debt, muestra cómo un cartel privado ha usurpado el poder de crear dinero de la propia gente, y cómo, nosotros el pueblo, podemos recuperarlo. EnIn The Public Bank Solution, su último libro, explora exitosos modelos de banca pública histórica y globalmente. Sus blogs están en EllenBrown.com.

Fuente: counterpunch.org

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